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¿Será tímido o es una etapa?

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Es frecuente etiquetar a l@s niñ@s cómo tímidos ante comportamientos de rechazo o evitación de situaciones sociales.

Hay conductas que son propias de la etapa del desarrollo social que estén atravesando. Os damos algunas claves para reconocer las conductas más típicas en cada etapa y pautas para ayudar a los niños que tienen tendencia a ser tímidos en algunas situaciones sociales.

Sociable hasta los 5 meses de edad
En los primeros meses de vida, la gran mayoría de los bebés suele tolerar bien la compañía de las personas, sobre todo si les sonríen y son amables con él. En realidad, aparte de mamá y papá, en este período el niño no está capacitado para distinguir un rostro de otro. Para favorecer su desarrollo social, solamente hay que responder a su necesidad de afecto y protección.

Las primeras señales, a los 6 meses de edad
A esta edad, el niño aprende a reconocer el rostro de sus padres y está incómodo con los extraños. En este período, además, comienza el miedo a la separación: el bebé teme que las figuras de referencia se alejen de él, y la presencia de cualquier desconocido supone un posible peligro. Si los padres se muestran serenos y felices en compañía de personas nuevas, el bebé estará más predispuesto a aceptar a los extraños.

Al año, llega la timidez del niño
Se cubre la cara con las manos, se mete el dedo en la boca y, en ocasiones, rompe a llorar: cuando se presenta un desconocido o llegan a casa amigos, el niño puede reaccionar con actitudes de indiferencia o de rechazo. Ante estos casos, es inútil y contraproducente obligarle a estar con los demás. Al contrario, es bueno que los padres adopten una actitud de comprensión y calma, y que den ejemplo, mostrándose confiados y tranquilos delante de otras personas.

Hacia los 2 años de edad: la técnica de la huida
Aunque a esta edad el pequeño ha adquirido una cierta autonomía, todavía no está capacitado para reaccionar siempre de forma positiva ante la presencia de extraños. El niño se encuentra en el llamado período del no, del rechazo, e intenta imponer su voluntad. Ahora, la incomodidad no la expresa llorando, sino que evita responder a las preguntas o ignora a la persona nueva, esperando que le deje en paz. Cuando esto ocurre, no es necesario intentar disculparle diciendo frases como "es que es tan tímido". Es preferible tratarle con normalidad, sin dar excesiva importancia a su comportamiento.

A los 3 años, mejora
La experiencia de la escuela infantil es un buen entrenamiento contra la timidez. Les enseña que la compañía de los demás puede ser muy divertida. Para ayudarle, es necesario fomentar su socialización, invitando a casa a sus amigos, organizando una fiesta para su cumpleaños, llevándole a jugar al parque, etc.
La timidez es un rasgo de la personalidad que está presente en el 15% de los niños menores de seis años, señala Inés Monjas, doctora en Psicología y autora de '¿Mi hijo es tímido?' (Pirámide, 2004).
En la adolescencia, la timidez es aún más latente. Una reciente investigación publicada en 'Pediatrics' apunta que el 46,7% de los adolescentes de entre 13 y 18 años se consideran tímidos, una percepción más frecuente en las chicas que en los chicos.
¿Cuándo preocuparse?
En algunos casos, una timidez excesiva nos puede estar indicando alguna anomalía.
• Va a cumplir los tres años y sigue sin tener interés alguno en jugar con otros niños o muestra una marcada ansiedad en situaciones nuevas o ante personas desconocidas.
• Se muestra insensible al contacto físico (no lo busca ni lo disfruta).
• Tiene un retraso significativo en el lenguaje (apenas dice un par de palabras con sentido) y no hace ningún esfuerzo para comunicar sus deseos o necesidades de ninguna manera (ni con gestos, ni con sonidos).
• No se relaciona ni se muestra tranquilo con, al menos, una figura de referencia (mamá, papá), ni establece contacto ocular habitual con ellos.
• Presenta retraso en algún área de su desarrollo: no mastica, no camina, etc.
Pautas para que favorecer la sociabilidad
Podemos favorecer la sociabilidad de los niños, aunque exista una predisposición genética a la timidez. Es decir no refugiarse en la frase “es que los padres somos muy tímidos”.
El psicólogo estadounidense Jerome Kagan ha llevado a cabo una serie de estudios para determinar el origen genético de la timidez. Una de sus principales conclusiones, tras analizar a un grupo de 400 bebés de cuatro meses, es que el 20% de los niños nacen con predisposición para ser tímidos.
Sin embargo, gracias a la intervención positiva de sus padres y su entorno, más de la mitad de estos pequeños superan esta cualidad genética y no son tímidos cuando crecen.

Podemos intentar:

1. No forzarle. "Saluda", "no te escondas", "vete a jugar con los niños". La reacción de algunos padres ante la timidez de su hijo es insistirle en que sea abierto y apremiarle para que tenga una conducta para la que no está preparado. Haciendo que asocie esas situaciones sociales a experiencias de tensión.
2. No sobreprotegerle. Contestando por él cuando le preguntan o consolándole excesivamente cuando muestra su malestar en situaciones sociales. Esto no ayuda a que el niño supere poco a poco su timidez. Tampoco es aconsejable evitar a toda costa las situaciones que pueden ser incómodas para el pequeño, ya que el aislamiento social solo acrecienta el problema.
3. No etiquetar. No es recomendable escudar ante los demás la actitud del pequeño con el clásico "es que es muy tímido". Ante una situación nueva, es mejor dejar que se relaje poco a poco, hasta que la acepte con normalidad.
4. Ser modelo de sociabilidad adecuada. Si los pequeños observan que sus progenitores adoptan un comportamiento y una actitud sociable ante las circunstancias nuevas, aprenderán esta forma de actuar con toda naturalidad.
5. Promover oportunidades para practicar sus habilidades sociales. Quedar para comer o salir con otras familias con niños de su edad, invitar a algún amigo a comer o a dormir en casa, apuntarle a un deporte en equipo o salir con frecuencia al parque son algunas de las actividades cotidianas que permiten desarrollar la sociabilidad. Es importante acompañarle al principio para proporcionarle la seguridad que necesita y, poco a poco, dejar que se enfrente a las nuevas situaciones.
6. Estar alerta para reconocer sus avances. Ante cualquier acercamiento a un comportamiento más sociable (le saludan y no pone mala cara, sonríe levemente a alguien, permanece al lado de un niño viendo cómo juega, etc) debemos reforzarle señalándole la conducta concreta que nos ha gustado (“cómo me ha gustado que hayas sonreído al vecino, se ha puesto muy contento”). Este reconocimiento le ayudará a confiar en sus capacidades y le hará sentirse más seguro en futuras ocasiones.

AFIP Alcalá
Psicólogas Especializadas
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